Grandes películas: «Master and commander»

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«¿Queréis ver una guillotina en Picadilly?

¿Queréis llamar rey a ese andrajoso de Napoleón? ¿Que vuestros hijos canten la Marsellesa?»

«¡¡Noooooooo!!«, respondía con una sola voz toda la tripulación. Así es como el capitán Jack Aubrey arengaba a sus hombres, justo antes de entrar en batalla contra los franceses.

Ya estamos ubicados: principios del siglo XIX, británicos contra franceses luchando por el control del mar. «Master and commander» fue toda una sorpresa para mí cuando la vi en 2003. Como ya os conté en la entrada de «En el corazón del mar«, me encantan los barcos y en esta película se veían increíbles planos aéreos que mostraban batallas navales con todo detalle, teníamos acción sin pausa siempre a bordo de un barco precioso y además los protagonistas interpretaban conciertos dentro del camarote de popa. ¿Qué más se podía pedir?

Para los que no la hayáis visto, «Master and commander» narra las aventuras del buque británico «Surprise» y su tripulación, capitaneados por Jack «el afortunado», con la misión de apresar, quemar o hundir a la fragata francesa «Acheron«. Posiblemente ya lo he dicho en alguna otra entrada, pero si no habéis visto esta película, no sabéis la suerte que tenéis de poder verla por primera vez: es de las historias más elegantes y con más gusto por el detalle que habré visto.

Master and commander - Peter Weir - descartesnofuealcine.esLa rodó Peter Weir, el director australiano que también nos regaló «El club de los poetas muertos» o «El show de Truman«, y a la cabeza del reparto estaba, como capitán, Russell Crowe (que acababa de ganar el Óscar por «Gladiator«) y Paul Bettany, en la que para mí ha sido su mejor interpretación hasta la fecha, haciendo de médico a bordo.Master and commander - reparto - descartesnofuealcine.es

En la película vemos lo dura que era la vida a bordo de un barco de guerra en esa época, con insubordinaciones, peleas y supersticiones durante meses enteros dentro de -en palabras del propio capitán- ese «pequeño mundo de madera«. A lo largo de la cinta somos testigos de escenas realmente impresionantes: vemos niños oficiales que aprenden a hacer la guerra e incluso a enfrentarse y matar a los enemigos, vemos a uno de ellos perder el brazo tras una batalla, vemos una operación cerebral a la vista de toda la tripulación o la extracción de una bala del vientre del propio doctor…

Dicho así, se os estará quitando cualquier gana de verla que os hubiese podido transmitir hasta este momento, pero os aseguro que todo ese horror se queda en anécdota al lado de la forma en que se nos cuenta. Esa crueldad (nunca explícita) camina junto a planos increíbles de tormentas mientras el barco bordea el Cabo de Hornos, o mientras el capitán y el doctor interpretan juntos obras de Mozart o Bocherini (aquí está la lista de piezas de la banda sonora), o cuando vemos una cena de los oficiales alrededor de una mesa, que recuerda muchísimo a la que describimos en la entrada de «Tiburón«, o incluso cuando vemos la fascinación de este médico ante la posibilidad de haber descubierto nuevas especies animales en una parada de la tripulación en las Islas Galápagos.

Master and commander - escenas - descartesnofuealcine.es

De entre todos estos momentos de «Master and commander«, me quedo con el plano de los dos barcos uno frente al otro lanzándose cañonazos, o con aquél en el que vemos el camarote del capitán con los dos protagonistas en su interior tocando una de las piezas. Menuda comparación, ¿verdad? Guerra y muerte junto a música de cámara… Pero esto es lo bueno de esta película: épica y delicadeza conviven con armonía.

Master and commander - planos - descartesnofuealcine.esEn cuanto a las escenas que más me impresionan, mencionaría dos. La primera, cuando el capitán Aubrey regala un libro con las mayores victorias del Almirante Nelson a uno de los niños oficiales que acaba de perder el brazo. El cariño con el que ese hombre se dirige al niño, la admiración con que lo trata al haber sido tan valiente durante la amputación, y el agradecimiento del pequeño al recibir el volumen de su idolatrado Nelson, siempre me han parecido emocionantes. En esa escena tenemos a ese chaval de unos 12 años enfrentándose a todo un Russell Crowe. Creo que ese duelo interpretativo se lo llevó el pequeño, Max Pirkis, que debutó con esta película, pero también es cierto que Crowe consiguió darle a su personaje un punto de humanidad tremendo, al haber temido por la vida del joven y haber sentido un alivio inmenso al ver que, aun sin brazo, sobreviviría.Master and commander - Blakeney - descartesnofuealcine.es

Esa ternura dista mucho del concepto que tiene el capitán de sí mismo, cuando en las Galápagos, ante la posibilidad de encontrar fauna o flora desconocidas hasta entonces para la ciencia, le pide al doctor:

«Ponle mi nombre a un arbusto, que tenga espinas y sea resistente.»

El otro momento que me deja con el cuerpo encogido es aquél en el que, en mitad de la tormenta, un hombre cae al agua junto con parte de la arboladura y velamen del barco. Todos esos armatostes suponen en ese momento un lastre para la nave que, zarandeada por las olas, corre el riesgo de hundirse. Sin embargo, todas esas maderas y telas son también el único agarradero de ese hombre caído al agua, su única salvación para poder llegar al Surprise.

Es un momento muy complejo para el capitán, que debe elegir entre aguantar con la situación unos minutos más para darle la oportunidad al náufrago de salvarse, o cortar los cabos y deshacerse de todo ese montón de peso para salvar al barco y a toda la tripulación.

Master and commander - sacrificio - descartesnofuealcine.es

Ese instante en el que, con todo el dolor de su corazón, toma la decisión de cortar las cuerdas es impresionante. El marinero, tras verlo, desaparece entre olas gigantescas. Estéticamente es como una de esas pinturas del Romanticismo con el mar revuelto, pero lo que vemos nos transmite el conflicto moral del capitán, el dolor de los compañeros y la derrota del caído: el sacrificio de uno por la vida de todos. De verdad, increíble.

Algunas veces he leído en algún blog la posibilidad de que se vaya a rodar una segunda parte de este tesoro de película. Sólo por la posibilidad de seguir disfrutando de las aventuras de esta tripulación se me pone la piel de gallina, pero casi prefiero quedarme con las ganas: las expectativas serían tan altas, que sería imposible satisfacerlas. Me conformo con revisar de vez en cuando esta maravilla y disfrutarla casi, casi, como la primera vez que la vi.


«Master and commander: Al otro lado del mundo«

Master and Commander: The Far Side of the World«, Peter Weir, 2003)


 

1 respuesta

  1. descartes dice:

    Y esa de «Capitanes intrépidos» es de lo más dramático que he visto, sí. Ahí es en la que Spencer Tracy canta aquello de «Ay, mi pescadito, no llores ya más…»